Friday, September 16, 2016

La diferencia

Cada domingo, sea de un color u otro, la ciudad se concentra alrededor del Coloso de la 74 para alentar como si no hubiera mañana al equipo de fútbol que haga las veces de local. Es una procesión autónoma, no hay cura, sacerdote o padre alguno que haya dicho que es un mandamiento ir al estadio cada vez que el equipo de los amores juegue de local, sin embargo, es más importante que cualquiera de los mandamientos. El fútbol, así como muchas otras manifestaciones sociales, es una radiografía de lo que somos como individuos, y como conjunto. Como no ha de serlo, si los que juegan son parte de nosotros, de nuestros barrios, de nuestras comunas, de nuestras familias, del combo de parceros, de la recochita en la plaquita de la unidad, de la “Copa América” infantil, del partido de solteros contra casados, del torneíto vacacional, de las reuniones de padres de familia, de las filas en el supermercado, de los tacos, de la fiesta.

Es imposible desligar al uno del otro, al fin y al cabo, en términos sociales, nuestros comportamientos no son fruto de la casualidad. Que hayan matado a un hincha antes del clásico no es porque sí. Eso somos, sí, eso somos. Somos incapaces de reconocer al otro, de aceptar la diferencia, de convivir con la diferencia; el diferente no hace parte de nosotros, lo excluimos y si no lo podemos excluir, lo matamos. Hay que acabar con la diferencia, el diferente no juega fútbol, no hace parte de la recocha, mucho menos del combo. El diferente no es soltero, no es casado, el diferente no es, no puede ser.

En el estadio, ya en el interior, quitaron las mallas, pusieron silletería en todas las tribunas, hay toda una logística preparada para casi cualquier contingencia. Aun así, no hay una estrategia o herramienta que re-forme el comportamiento del hincha, del ciudadano. A aquel que no saluda cuando entra a un lugar, o no se despide cuando sale, le estamos pidiendo que no insulte, que reconozca al otro, a ese otro que no saluda, ni del que se despide. A aquel que excluye, que mata al diferente, le estamos pidiendo que no agreda al contrario, que lo deje ser, que lo deje jugar. Como sociedad pedimos, pero no damos, no educamos, no articulamos maneras de hacer al hincha, un ciudadano, un buen ciudadano, un ciudadano que reconozca al otro, que conviva con la diferencia, que salude y se despida, que no mate al diferente, sino que le dé vida.

Los “hechos aislados” donde se enfrenta un lado contra el otro, donde hay disturbios, donde el que pierde acaba con lo que encuentra, con el que encuentra, donde el que gana celebra sobre lo que encuentra, sobre el que encuentra, no son aislados. Aprendimos que la derrota es inaceptable y que el triunfo es lo más importante, más que el otro. En la cancha todo es un alegato, una pelea: una falta, un fuera de lugar, un tiro de esquina, una lesión, un penal, un gol, una expulsión. Todo se pelea porque, perder es inaceptable. La misma histeria de la cancha se vive en la tribuna, a las afueras del Atanasio, en las calles, en el taxi, en las cabinas de transmisión, en los barrios, en las casas, en las familias. Esas mismas familias que ya no van al estadio, porque el estadio ya no es para las familias. La histeria nos absorbe, nos domina y nos trans-forma; nos transforma en aquel que no saluda y que no se despide, aquel que hace invisible al diferente, al otro. El ganador no celebra el triunfo sino la derrota del otro. Es como el vecino aquel que saca los parlantes del equipo de sonido y los hace sonar toda la noche, no para él, sino para el otro, porque la fiesta no es para él, es para molestar al otro. El pícaro es aplaudido, el honesto es abucheado.

La ciudad es una ciudad de unos, no de otros. Los unos mandan porque los otros no existen, ni lo que el otro piense, ni lo que diga, ni lo que haga afecta al uno. El uno ha crecido con la idea de la indiferencia hacia el otro, hacia el ciego, el homosexual, el negro, el blanco, el rico, el pobre, el discapacitado, el poeta, el escritor, el profesor. Y el otro se ha conformado, se ha resignado, no exige que se le salude o que se despidan de él. El otro, así como el árbitro que acepta pechazos, madrazos, manotazos, porque son los calores del momento, se acostumbró a ser tratado a las malas, o peor aún, a no ser tratado; los conductores de transporte público, en su mayoría, manejan como si llevaran ganado, y parece que nos creyéramos el cuento porque nos comportamos como animales.

Eduquémonos, encontrémonos, aceptemos la diferencia, celebremos los triunfos, aprendamos de las derrotas, el partido sigue y todavía hay tiempo de hacer una pared, uno, dos, tres pases, un centro, un cabezazo y un gol.


Créalo Mompi.

Thursday, September 8, 2016

Claro que SÍ Papá!

A menos de un mes de lo que sin duda se vislumbra como uno de los días más importantes en la historia colombiana, las posiciones frente a los acuerdos de Paz logrados en La Habana, entre las FARC y el Gobierno Nacional se encuentran claramente divididas. Un SÍ o un NO, han sido suficientes para polarizar un país que, en mi opinión, ya estaba polarizado, solo que ahora se hizo público y cada uno desde su lugar está haciendo lo posible para adherir gentes a cada una de las partes.

Curiosamente, el único que ha sido capaz de unir ambas partes sin querer queriendo fue Pekerman, director de “La Sele”, quien al alinear en la titular contra Brasil a Stefan Medina, puso la carnada perfecta para que los del SÍ y los del NO, nos sentáramos a ver, la falta de calidad del poste, perdón, del lateral colombiano y se escuchara al unísono el ¡NO!

Es de hecho, el único NO que apoyo y defiendo…claramente lo defiendo mejor de lo que defiende el poste de Medina.

En verdad, me queda muy difícil entender a los que quieren que, como país, nos neguemos la posibilidad de pensar en La Paz como una opción viable para construir un mejor país de cara al futuro. No me voy a detener en los detalles del acuerdo porque creo que en internet hay suficientes fuentes de donde sacar la información. De igual manera, tampoco pienso pararme en la raya del SÍ para tratar de convencer a aquellos de la vereda del frente.

Si nos sentamos a debatir las razones del SÍ o del NO, posiblemente volvamos a la encrucijada a la que hemos arribado en conversaciones casuales con allegados a la opción contraria. Así que más que un intento de convencimiento, es una invitación. Hay que decirle SÍ a la vida, a las oportunidades. Creo que el debate por parte y parte se ha basado en gran medida en lo que ha pasado y por supuesto que hacer un reconocimiento a la memoria es importante para la di-solución de los conflictos, pero debemos ir más allá y pensar en las oportunidades que esta decisión nos puede brindar o no para el futuro.

“No hay peor ciego que el que no quiere ver” posiblemente sea lo que pienso cuando me encuentro con esas opiniones que, cual loros repiten los partidarios del no, en cabeza del innombrable. Así que a falta de argumentos que los haga entrar en razón, usaré un ejemplo futbolero.

En “el mundo redondo” del fútbol, es común decir que equipo que gana no se cambia, no se toca. Y claro, la continuidad es necesaria cuando tenemos 11 sujetos con características distintas tratando de alcanzar la misma meta que es hacer más goles que los otros 11. Si extrapolamos esto al momento actual, me atrevo a decir que llevamos más de 50 años “jugando” contra las FARC y aunque cambiamos los protagonistas, el planteo no ha sufrido mayores cambios hasta ahora y aun estando cerca, no hemos podido encontrar la forma de anotar y llevarnos los 3 puntos.

Cuando la técnica individual no alcanza, acudimos a la táctica, pero en este caso, la táctica tampoco nos ha servido para derrumbar la extrema defensa de las FARC y seguimos en tablas. Dicho esto, veamos los acuerdos y el SÍ el próximo 2 de octubre como una táctica nueva. Al fin y al cabo, no podemos seguir atacando(nos) por otros 50 años sin hacer un gol.

#ClaroQueSÍPapá #SiALaPaz

Créalo Mompi



Wednesday, August 24, 2016

NEGROS TENÍAN QUE SER

Se acabaron los Juegos Olímpicos y nos queda el recuerdo de un montón de medallas, marcas, alegrías y algunas cuantas desilusiones. Pero lo más importante, nos queda el corazón inflado por ese puñado de colombianos y colombianas que nos representaron con orgullo y nos llenaron de alegría con cada una de sus presentaciones.

De las 8 medallas obtenidas por Colombia, solo dos fueron obtenidas por deportistas que no son de raza negra (Mariana Pajón y Carlos Ramirez), ambos ciclistas BMX. Las otras 6 llegaron llenas de color.

Ante cada uno de los restantes 6 triunfos, nos paramos frente a las pantallas a gritar con orgullo, como si ellos a la distancia nos pudieran escuchar. Dejamos la garganta, las palmas y algunos hasta las lágrimas al ver la consagración de Oscar Figueroa, Caterine Ibargüen, Yuberjén y demás. Expresiones como “Vamos MI negra”, “Así es MI negro”, “Vos sos más, negra hermosa”, etc… se hicieron frecuentes durante las olimpiadas.

Entendería cualquier incauto que más que orgullosos, defendemos y vemos por ellos, por “NUESTROS” negros como en ningún otro lugar del mundo. Es que semejante sentido fraternal no se puede fingir, ni debe ser a cuenta gotas, mucho menos a medias, pero…

El pasado junio, por allá por la primera semana, un derrumbe cayó sobre la vía Medellín-Quibdó, y puedo decir con certeza que hasta el sol de hoy, más de uno sigue sin saber cual fue el saldo total de víctimas. Días después de la tragedia, los socorristas de diferentes partes, se acercaban a ayudar, pero nunca encontraron el apoyo de las máquinas necesarias para hacer bien su labor. En esa época no había Olímpicos; en esa época, los de Quibdó, no eran “NUESTROS” negros.

El 20 de Julio, la comunidad chocoana decidió no izar la bandera de Colombia sino la de su propio departamento, en un intento por llamar la atención de las autoridades del país, sobre la crítica situación en la que se encuentra el departamento. Sin embargo, apenas hasta el pasado 22 de agosto, se llegó a un acuerdo, luego que la comunidad chocoana decidiese entrar en paro cívico hasta no tener una respuesta o ayuda por parte del gobierno nacional.

Después de firmar un pre-acuerdo sobre algunos puntos críticos, quedamos a la espera primero, que los principales promotores del paro acepten las condiciones firmadas y segundo, que el gobierno cumpla.

Dicho esto, las manifestaciones que como sociedad hemos hecho para apoyar al pueblo de donde han surgido muchas de “NUESTRAS” alegrías olímpicas (y deportivas), han sido minúsculas. No he visto a nadie frente a las pantallas gritando, o tan siquiera mostrando un poco de rebeldía. Tampoco he escuchado a nadie decir, “Vamos MIS negros” o similares gritos que parecían querer traspasar “las montañas de mi tierra”, para ir hasta Rio.


De hecho, aun cuando estamos más cerca, geográficamente, pareciera que ese pueblo de negros está lejos, tanto que dejan de ser “NUESTROS”. Así que la próxima vez que vea a un deportista colombiano defender los colores de la bandera, y antes de vociferar posesivos sin sentido, piense que ese “MI negro” que va a gritar, se lo debe a un pueblo al que el país entero se ha encargado de darle la espalda… Negros tenían que ser.

Créalo Mompi

Tuesday, August 16, 2016

Muy Olímpicos

4 medallas, 2 de oro y 2 de plata. ¡Oh júbilo inmortal! El pasado domingo 14 de agosto no fue un día cualquiera en la historia del deporte colombiano. Por primera vez en el recorrido olímpico, Colombia gana más de una medalla dorada en la misma edición de las justas. Además, la historia de Yuberjen Martinez y su casita, hizo que más de uno volteara a mirar a esa esquina oxidada, y en muchas ocasiones olvidada, del boxeo nacional. Orgullo y felicidad en los corazones de los millones que desde cualquier lugar buscamos una pantalla para ser testigos de la historia.

Sin embargo, la estadística es desechable frente a dos "declaraciones" que al verlas, confirmaron la grandeza de los deportistas colombianos. A mediados del domingo, Yuberjen se montaba al cuadrilátero para tratar de arrebatarle la dorada a un uzbeco quien, sin duda, llegaba como favorito, así que sin importar el resultado, para mí Yuberjen ya era ganador absoluto.
Primer round, 0-1; segundo round, 0-2; tercer round, 0-3. Victoria por decisión unánime para el uzbeco. Y cuando parecía que siempre era la misma historia del casi colombiano (recordemos que somos expertos en casi…), Yuberjen tomó la mano del campeón y en una muestra de respeto, honor y sobre todo agradecimiento, aceptó con una sonrisa que el ganador era quien, hasta hace unos minutos, lo dejaba en segundo lugar a punta de golpes.

“Eso no es de colombianos”, pensé.

Casi a las 6 de la tarde, Caterine Ibargüen empezaba el camino hacia una medalla de oro olímpica esquiva hace 4 años en Londres, pero que parecía ahí, al alcance de la mano… aunque debería decir de los pies. Situación muy diferente a la de Yuberjen, claro está. Caterine es número uno del mundo, campeona reinante de la Liga de Diamante, físicamente superior, mentalmente superior (aparentemente).
La primera imagen que me muestra el televisor es la de los estiramientos previos. Ahí está ella, como siempre, bailando, sonriente, tranquila. Pasa mucho tiempo entre ese primer pantallazo y ese salto de 15.17 metros que la puso en lo más alto del podio olímpico. Oro para Colombia, ¡Oh júbilo inmortal! Sin embargo, en esta hazaña hay dos momentos que me impresionan casi tanto como esos 15.17 metros que saltó Caterine.

Siempre he creído que a veces en los momentos críticos, cuando más se necesita tener la tranquilidad y confianza en uno mismo para lograr llegar a una meta, a un triunfo, los colombianos fallamos por defecto de fábrica. Es como si el peso del mundo nos cayera encima porque “nunca hemos ganado nada”. Pero con Caterine no es así. Ella es una convencida de su categoría y eso es evidente en su comportamiento, en su forma de hablar, en su forma de trabajar y especialmente, en su manera de competir. Cuando todos celebrábamos que Caterine había superado la marca de los 15 metros, la única en hacerlo por demás, apareció una venezolana como un fantasma para amedrentar con llevarse el oro para el país vecino. Más grande fue el susto cuando en otro intento, estuvo mucho más cerca de los 15, mucho más cerca del oro que creíamos tenía asegurado Caterine.

Es allí cuando a mi cabeza vinieron tantos momentos de casi…gloria para el deporte colombiano, sino, pregúntenle a Sergio Luis Henao para no ir muy lejos.

Lo que vino después fue la demostración que Caterine es colombiana, pero con una mentalidad única. “La pantera salió a cazar”, alcancé a pensar cuando vi su mirada a través de la pantalla. La rutina de siempre y a correr: uno, dos, tres saltos… 15.17! Es poco lo que pueda decir para describir la alegría de ese momento. No por el oro (solamente), sino porque Caterine demostró que se puede ganar siendo el favorito y además colombiano, echando tierra a aquel pensar de Menotti quien afirmaba que para ganarle a un equipo colombiano bastaba con decirle que era favorito.

Así que, al llegar a Medellín quiero ver sus declaraciones y busco en internet donde poder verlas o leerlas. Lo que leí a continuación no me cabía en la retina:

“Nada que valga la pena es fácil. Todo hay que trabajarlo con esmero y disciplina.”

Esas palabras deberían volverse parte del himno nacional, repetirlas en los colegios en las mañanas, hacer cartillas escolares, que se vuelvan el ringtone en los celulares de todos, especialmente de los niños. Que en vez de realities, los canales de televisión inviertan en transmitir cuanto evento deportivo haya, en particular aquellos donde estén participando colombianos. Aquello de que “nunca hemos ganado nada” no es más que el pasado. Ahora hemos ganado mucho y así como lo dijo Caterine cuando le dijeron que era la primera medalla de oro para el atletismo colombiano, “vienen muchos más”, y no estaba hablando de ella, en otra muestra de grandeza que no cabe en el mapa del territorio nacional.

Tenemos una oportunidad histórica para cambiar los destinos del país. Es hora que empecemos a ganar también en otros contextos y que mejor escenario para empezar que el Sí al plebiscito para la firma de la paz con las FARC. Decirle Sí al acuerdo es pararse en la pista al igual que Caterine, correr y saltar por un objetivo mayor. Todas las guerras tienen un momento de negociación, y el nuestro más que alegrarnos, ha despertado un ánimo bélico de parte y parte. Se polarizó el país y solo volvemos a ser uno cuando escuchamos que nuestros deportistas están triunfando en los Juegos Olímpicos. Pero los Olímpicos se acaban y nos queda el país, y nos queda una elección que no debería causar ninguna disputa.

Sigo sin entender como hay gente que prefiera que se sigan matando generaciones y generaciones de colombianos, que millones sigan perdiendo sus vidas, sus partes, sus tierras, sus familias enteras, y quieran votar por el No a los acuerdos de PAZ. Pero más allá de convencer al otro, creo que hay que empezar con el convencimiento propio de que la PAZ si se puede lograr. Que al tener la meta tan cerca, tengamos la mentalidad de Caterine y la capacidad para ir a votar por el Sí, convencidos de que esa es la ruta; que no nos quedemos otra vez ahí, a puertas de un cambio que estoy convencido será más positivo que negativo para el país, que no volvamos a ser el país del casi… en este caso, la casi…PAZ.

Créalo Mompi.





Monday, April 15, 2013

Cuando la familia está enferma…



Cuando alguien en nuestra familia se enferma, no salimos a la calle a decir barbaridades del o de la misma. Cuando al tío borracho le duele el hígado de todo el licor que se ha bebido en la vida, no salimos a decir que bien se lo merece. Cuando el hermano se quiebra el pie por andar encaramado en los árboles, no le echamos la culpa, así la tenga. Cuando la mamá se queja de las manos que le duelen de tanto lavar, cocinar y abrir la nevera, todo al mismo tiempo, no le decimos que eso le pasa por no pensar, no. Porque la familia, la familia siempre apoya, siempre está ahí. No importa si cada 8 días vemos al tío borracho, siempre tratamos de llevarlo a la casa, no lo dejamos tirado en el camino, porque sabemos que la enfermedad de él, es también, la enfermedad nuestra. Cuando vemos al hermano encaramado en el árbol, no lo hacemos caer, ni le cortamos las ramas, no, nosotros nos quedamos pendientes siempre, porque si vuelve a caer, hay que ayudar a levantarlo, porque eso hace la familia, ayuda en los momentos más difíciles, en la derrota, en la mala racha.
Cuando vemos a la mamá, a la cucha, quejándose, no nos hacemos los indiferentes, no le damos la espalda, no la culpamos. Por el contrario, nos hacemos matar por ella, deseamos con ansias que sea a nosotros que nos duelan las manos, la sobamos, le hacemos el oficio, la llevamos al doctor, la apoyamos, siempre, porque esa es la familia.
El hincha, el de verdad, es así, apoya, SIEMPRE. No importa la mala racha, las culpas, las caídas, las quebraduras, las dolencias, ni las borracheras en algunos casos. Porque eso somos, familia, una familia de extraños, hijos de un mismo papá y una misma mamá. 100 años siendo familia no se pueden tirar al traste por una campaña. Es verdad, nadie quiere pasar un solo día en la B, el flagelo del descenso y la promoción nos agobia, nos persigue como si nunca mereciéramos salir de él. Pero por eso somos familia, porque cada vez que nos vemos, nos renovamos en la fe, porque cada 8 días sin importar que pasa, renace la esperanza, creemos sin duda que hasta ese día llega el calvario, que después de esos 90 minutos todo será mejor, y aún, cuando no lo es, seguimos firmes, apoyando, en familia.
Porque si ante cada enfermedad, quebradura o dolor abandonamos a los nuestros, somos unos parías, unos huérfanos y lo peor, con merecimiento.